Después de pensarlo un buen rato, me convencí de empezar esto hablando un poquito de un terrible monstruo que me dominó por mucho tiempo: el miedo. ¿Por qué? Porque creo que durante años más que ser esta chica lista, entusiasta, con mucho por decir y hacer que sé que soy; fui nada más que una masa de miedos e inseguridades con un amor loco por el autosabotaje.
Y sí, tranquilos, sé que la tarea era platicar de dónde radica mi talento; pero es que precisamente por eso creo tan importante comenzar hablando de lo que me dominó y me estancó por tanto tiempo. También sé que sentirlo es algo natural, sé que todos lo llegamos a experimentar, tengo claro que es algo humano que nos ayuda a crecer y a tomar desiciones. No les voy a decir que un día mágicamente dejé de sentirlo… En realidad sigo sintiendo muchísimo miedo por un montón de cosas. Pero algo muy importante ha cambiado: aprendí que no es lo mismo ser un miedoso que un cobarde.
Ahora bien, ¿mi talento?… Mi talento radica completamente en mí: desde la cosa más simple como mi gusto por los Furbys, hasta el sentimiento más profundo, como mi amor por los libros. Pero voy a intentar explicarme un poquito mejor:
El amor por lo que hago es la semilla de todo, si hay algo que he de admirarme es mi amor por leer el mundo. Porque leer no solamente es agarrar un libro, un kindle o escuchar un audiolibro. No, leer el mundo es saber apreciar el olor del pan calientito que aprendió a hacer mi madre a media pandemia, prestar atención a la sensación de las olas del mar que se llevan la arena entre mis dedos cuando estoy parada en la playa, reconocer el olor a lluvia, ver la misma película 100 veces porque es un musical con canciones de mi banda favorita, releer Peter Pan hasta que mi libro parezca de mil usos, admirar el trabajo de otros, reconocer música en la risa de mi sobrino, adorar el olor a libro viejito, explorar lo que siento y lo que soy para poder conocerme y presentarme ante el mundo. Es justo ese amor lo que me lleva directamente a la pasión por lo que me gusta; leer, dibujar, investigar, hablar de libros en internet y por supuesto: escribir.
En un principio yo creía erróneamente que escribir era simplemente algo terapéutico para mí… y sí lo es, pero he aprendido que también es expresarme, amarme y amar todo lo que me apasiona, defender lo que creo, acompañar a otros y prestarles mi voz, luchar por mis convicciones e infinidad de cosas más. Es la pasión justamente lo que me lleva a la práctica, el trabajo y el esfuerzo en todo lo que hago; porque no me gusta quedarme a medias, no me gusta estar pero no estar. Por eso siempre me empeño en dar todo de mí.
Asimismo, los errores que he cometido en mi camino y los que me faltan por cometer tienen un gran peso en mi talento, pues sin ellos no habría aprendido un montón de cosas, me faltarían todas las marcas que llevo como cicatrices y que me recuerdan que está bien caerse, que está bien sentir miedo, pero que siempre debo levantarme para seguir.
Entonces, es el conjunto de todo lo anterior lo que me ha dado la experiencia y la confianza de poder decir (por más miedo que me dé admitirlo), que sí: tengo talento.
Tere Zamora